Vainilla PDF Imprimir E-mail
Escrito por Andrés Isaac Santana   

Vainilla
En Madrid, en el experimento de Chueca.

Rocío es una fustigadora del orden, del tipo que sea. Es, con mucho, una escritora del erotismo lateral de la cultura, del deseo en libertad. Su obra apuesta por la “democracia del sabor” y por la relativización desenfundada del absoluto sexual. Allí, donde algunos ejercitan la autoridad, el reduccionismo de la vida y la exclusión mediocre, ella celebra la pulsión descontrolada de un placer que no se recorta ni se acota en los dominios de la norma, en el perímetro reglamentado por el régimen heterosexual y sexista al igual que por la dictadura homosexual deseosa de imponer sus propias normas. Su obra

dibuja la expansión, el desbordamiento de la subjetividad al tiempo mismo que anula la hegemonía de la razón instrumental y del prejuicio para hacernos cómplice del placer y no de la soberbia. No se sujeta, como muchas, a los dictados restrictivos ni al entusiasmo de las posiciones afirmativas. Sabe, y sabe bien, que la vida y el sexo no se rinden en el horizonte inmediato como tampoco responden al guión y a la vigilancia de las marionetas. Lo superan, eso sí, con su gimnasia experimental y con su afán de libertad.

 

¿Por qué fresa? ¿Por qué chocolate? ¿Por qué abdicar ante los estereotipos y las parcialidades estériles? ¿Por qué escamotear la gracia subversiva del flirteo? ¿Acaso no puede ser vainilla? Este parece ser el principio de su relato festivo, el grado cero de su ejercicio de inversión y de fuga, de puro esparcimiento. Para qué agotar la vida en las antípodas, en los extremos de lo irreconciliable, si es en los intersticios de nuestra psicología, en el rebasamiento feroz del específico freudiano, donde habita la virtud y el privilegio de la hermosura. Hay que vivir gozando y volver una y otra vez ante el espejo para rendir culto a la contemplación onanista que destierra y rebasa el sentimiento de culpa y nos devuelve la vida y el placer como trofeos. Los acuerdos tácitos, la violencia del estereotipo, la anorexia de la posición única, la imposición de un argumento reactivo, la jerarquía o la subordinación lasciva, no son sino maneras de obrar en la indigencia ideológica. El deseo expandido destroza la realidad del mapa, se burla de la hegemonía en todos los niveles y vuelca la autoridad del canon.

La segregación y las parcelaciones del eros, parece decirnos la artista, conducen a lo mediocre y al festín de las barricadas y los panfletos. Por tal motivo esta obra es un relato de la inversión de la jerarquía, el escenario perfecto para la expresión carnavalesca del erotismo, no importa cuál. Del erotismo, sin más, sin ataduras, sin etiquetas, lejos de esa voluntad reaccionaria de nombrarlo todo…

Andrés Isaac Santana

Corresponsal de ArtNexus.
colaborador de ABCD, Atlántica, ArtNotes.